
Lima: Sistema de transportes
Colapsados
Lima, una metrópoli de más de diez millones de habitantes, enfrenta un colapso estructural en su sistema de movilidad. Carece de un sistema integrado de transporte público, de carga y privado. Datos de la Encuesta Nacional del Uso del Tiempo (ENUT) muestran que millones de ciudadanos gastan más de cuatro horas diarias en trasladarse desde sus hogares hasta sus centros de trabajo. Según el ingeniero Manuel Chamorro, en la capital se producen 27 millones de viajes al día, de los cuales la mitad se realiza en transporte público. Sin embargo, este sistema es, según el arquitecto Rudolf Giese, “informal, inseguro y contaminante”, producto de un modelo basado en empresas dueñas de rutas, propietarios de vehículos tercerizados y choferes sin sueldo fijo ni beneficios sociales que alquilan las unidades para generar los ingresos que sostienen la operación.
Este esquema se consolidó en los años noventa con la aparición de las combis y, posteriormente, las cústeres, que aumentaron el número de unidades y agravaron la congestión en Lima y Callao. El ingeniero Jhony Pardavé precisa que ambas ciudades registran 24.5 millones de viajes diarios, pero los sistemas formales como el Metro, el Metropolitano y los corredores apenas cubren el 7% de la demanda. El 40% restante depende de vehículos como buses, microbuses, combis, cústeres, colectivos y taxis, muchos de ellos informales. Entonces, concluye que esta sobreoferta precaria provoca que el limeño promedio pierda al menos una hora más al día de la que debería, sometido a un servicio de pésima calidad.
El impacto de esta crisis se evidencia en los rankings internacionales: el índice TomTom 2024 ubicó a Lima entre las diez ciudades más congestionadas del mundo y la primera en Sudamérica, con 155 horas perdidas al año en el tráfico. Informes como “Lima Cómo Vamos” confirman que la calidad del transporte es la segunda preocupación ciudadana, solo detrás de la inseguridad. En horas punta, los limeños pierden hasta 157 horas anuales adicionales.
A ello se suma la precariedad del parque automotor en circulación. De los vehículos colectivos intervenidos en 2024, uno de cada tres no contaba con inspección técnica y el 23.6% no tenía SOAT. Muchas unidades superan los 30 años de antigüedad, acumulan múltiples infracciones y circulan en condiciones de deterioro extremo. Un caso emblemático es una combi detectada cerca del óvalo de Santa Anita, con más de 100 mil soles en multas y 12 papeletas graves y muy graves, que pese a ello opera libremente como transporte informal.
Para revertir este escenario, se plantea la necesidad de regular y modernizar los servicios tradicionales como combis y cústeres. Una política efectiva podría incluir incentivos como el bono de chatarreo para retirar unidades obsoletas y reemplazarlas por vehículos sostenibles. Resolver esta problemática —que genera un costo anual equivalente al 2.4% del PBI, según el Banco Central de Reserva del Perú— requiere infraestructura moderna, transporte eficiente y decisiones de Estado libres de propuestas populistas, orientadas a la sostenibilidad y mantenimiento a largo plazo del sistema de transporte urbano.
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Entrevista con un especialista
Jaime Gabriel Castilla Barraza
Economista Urbano
Jaime Castilla analiza la economía del país señalando cómo la inseguridad ciudadana influye drásticamente en el sistema de transporte público.
Escucha la entrevista y cuéntanos que te pareció.
Infografía informativa

¡Bienvenidos a Lima en movimiento!
En este episodio analizamos el impacto y la evolución de la Línea 1 del Metro de Lima, un transporte clave que ya cumple 14 años transformando el día a día de millones de pasajeros.
Locutores:
Locutor 1: Andrés Vargas
Locutor 2: Valeria Gonzales

PODCAST
PODCAST
Concebido como un corredor moderno financiado con 134 millones de dólares de la Municipalidad de Lima y la banca internacional, el Metropolitano es hoy un sistema de transporte rápido clave gestionado por la ATU.
Locutores:
Locutor 1: Andrés Vargas
Locutor 2: Valeria Gonzales

Locutores:
Locutor 1: Andrés Vargas
Locutor 2: Valeria Gonzales
El tráfico en Lima es un caos crónico que devora horas del día debido a un parque automotor saturado, un transporte público desorganizado y una infraestructura insuficiente.

PODCAST
Los diferentes sistemas de transporte Público
en las provincias del Perú
Historia del transporte público peruano
Propuesta del Tren
Lima - Chosica
El tren Lima – Chosica es un sistema de transporte masivo que tiene como objetivo unir el área este de Lima con el núcleo de la ciudad. Esta iniciativa nace en respuesta a la grave congestión presente en la Carretera Central, donde diariamente transitan más de 25 mil vehículos en tramos que ya no pueden soportar más tráfico. Según el Ministerio de Transportes y Comunicaciones (MTC), el tráfico en esta ruta ocasiona pérdidas económicas de cerca de 5 mil millones de soles al año debido a las demoras en el transporte de personas y bienes.
Infraestructura y características
El tren abarca un trayecto aproximado de 40 kilómetros, comenzando en Ate y terminando en Chosica. Se prevé que pueda mover a más de 200 mil pasajeros diarios, lo que aliviaría considerablemente la carga de los buses y combis que actualmente operan en esa ruta. Asimismo, el diseño incluiría paradas en puntos estratégicos en distritos como Santa Clara, Chaclacayo y Matucana. Según afirmaciones del exministro Juan Silva (2021), este proyecto podría reducir el tiempo de viaje entre Lima y Chosica de dos horas durante las horas pico a solo 45 minutos, lo que beneficiaría tanto a la población como al transporte de carga que llega del interior del país.


Seguridad y ordenamiento vial
Uno de los grandes problemas actuales es la alta cantidad de accidentes en la Carretera Central. En 2023, la Policía Nacional reportó más de 600 accidentes en este trayecto, muchos con resultados fatales. La puesta en marcha del tren no solo proporcionaría más seguridad a los usuarios, sino que también contribuiría a minimizar el número de incidentes viales.
Anuncio y proyecciones del proyecto
El proyecto fue presentado por el Ministerio de Transportes y Comunicaciones (MTC) en 2023, dentro de un plan para ampliar las opciones de transporte masivo en la capital. En ese entonces, el ministro Raúl Pérez Reyes explicó que la obra busca beneficiar a miles de ciudadanos que hoy pueden tardar hasta tres horas en llegar de Lima a Chosica en un bus convencional. Si bien todavía no se ha definido una fecha exacta para el inicio de las obras, las autoridades han recalcado que este tren es una prioridad, ya que ayudaría a descongestionar la Carretera Central y ofrecer un viaje más rápido y seguro para la población.


Impacto social y económico
Los habitantes de Chosica, Chaclacayo y zonas aledañas han demandado durante mucho tiempo una solución eficiente de transporte. En 2022, un grupo vecinal en Chaclacayo organizó una manifestación en la plaza principal pidiendo al Gobierno que acelere el progreso del proyecto, ya que afirman que “viajar a Lima se ha vuelto cada vez más doloroso”. En términos económicos, este tren facilitaría el acceso a empleos en Lima para quienes residen en las afueras, fomentando una mayor integración social. El MTC estima que la inversión superaría los 3 mil millones de soles, con financiamiento de fuentes públicas y privadas.
Propuesta de la Linea 2
Metro de Lima
La Línea 2 del Metro de Lima es uno de los proyectos más ambiciosos en el ámbito del transporte público en el Perú. Se trata de un tren subterráneo que conectará el distrito de Ate y Callao a lo largo de 27 kilómetros. Se espera que el tiempo de viaje entre estos dos puntos, que actualmente puede demorarse más de dos horas en bus, se reduzca a tan solo 45 minutos.
Avances e infraestructura:
En la actualidad, la Línea 2 está en proceso de edificación, con diversos tramos ya en etapas avanzadas. En junio de 2025, el Ministerio de Transportes y Comunicaciones anunció que se había completado un 45 % de la construcción y que la fase inicial, que une Santa Anita con Evitamiento, tiene la posibilidad de inaugurarse parcialmente en 2026. Este sistema dispondrá de 27 estaciones contemporáneas, escaleras mecánicas y será accesible para personas con discapacidades.
De acuerdo al consorcio Metro de Lima Línea 2, al finalizar el proyecto se espera que tenga la capacidad de trasladar a más de 660,000 usuarios diariamente, convirtiéndose en la pieza clave del transporte masivo en la ciudad.
Seguridad y modernidad:
El ministro de Transportes, Raúl Pérez Reyes, comentó en 2024 que la Línea 2 “representará el mayor avance de modernización en la historia del transporte público en Perú”. A su vez, grupos comunitarios han manifestado la necesidad de terminar el proyecto. En Ate y Santa Anita, los residentes han protestado pidiendo mayor rapidez, ya que las obras pendientes afectan su movilidad diaria y causan molestias en los negocios locales.
Opinión de autoridades y ciudadanos:
El ministro de Transportes, Raúl Pérez Reyes, declaró en 2024 que la Línea 2 “será el mayor salto de modernidad en la historia del transporte público peruano”. Por su parte, colectivos ciudadanos han señalado la urgencia de culminar el proyecto. En Ate y Santa Anita, vecinos se han manifestado exigiendo mayor celeridad, pues las obras inconclusas afectan su tránsito diario y generan molestias en los comercios locales.
Impacto social y económico
Con la finalización de esta línea, el sistema de transporte integrado de Lima y Callao tendrá un efecto directo en la economía, permitiendo ahorrar millones de horas de trabajo en desplazamientos cada año. El Banco de Desarrollo de América Latina (CAF) prevé que el ahorro en tiempo productivo podría exceder los 1,500 millones de dólares durante una década.
Además, la Línea 2 actuará como un nexo que unirá a la población con hospitales, universidades y lugares de trabajo, facilitando el acceso a servicios fundamentales.
Inclusión en el
transporte público en Lima

Cada mañana, miles de limeños enfrentan un trayecto que debería ser simple: llegar a su destino. Pero para quienes tienen algún tipo de discapacidad o para quienes los años han pasado encima, el transporte público se convierte en una carrera de obstáculos. Colas interminables, gradas altas y buses repletos muestran que la inclusión sigue siendo una promesa pendiente.
Aunque los sistemas de transporte han avanzado, muchos pasajeros quedan atrás. Desde el Metropolitano hasta los micros informales, la ciudad aún no garantiza que todos puedan moverse con independencia y seguridad. Las cifras y los testimonios reflejan una verdad incómoda: Lima se mueve, pero no con todos.
Cifras que muestran la realidad:
El Censo Nacional 2017 del INEI estimaba que más de 585.000 personas en Lima Metropolitana vivían con alguna discapacidad. Desde entonces, estas cifras no se han actualizado, dificultando conocer con precisión la situación actual. Un sondeo de Lima “Cómo Vamos e Inclulab”, realizado en 2021, reveló que tres de cada diez personas con discapacidad enfrentan barreras en el transporte público y que el 16,3 % desearía poder viajar gratis y sin obstáculos. No son solo números: reflejan la experiencia diaria de quienes deberían poder moverse con libertad.

Avances que aún excluyen
Aunque se han implementado medidas de inclusión, los resultados siguen siendo parciales. En el Metropolitano, programas como “Viaje sin barreras” ofrecen asistencia personalizada, filas exclusivas, ascensores accesibles y la tarjeta azul que permite viajar gratis a personas con discapacidad visual o motriz. Solo en 2024 se registraron más de 618.000 atenciones. Sin embargo, los buses pueden transportar hasta 164 pasajeros y no siempre se controla el aforo en horas punta, lo que convierte trayectos que deberían ser seguros en un desafío para quienes más apoyo necesitan.
En el Tren Eléctrico, Línea 1, se organiza un sistema de asistencia coordinada mediante aplicaciones internas que planifican el acompañamiento hasta la estación de destino. Aun así, las estaciones carecen de señalización en braille y durante la hora pico el aforo limita la atención, por lo que la inclusión depende más de la disposición del personal que de la infraestructura.
Los micros, el transporte más utilizado por la mayoría de limeños, muestran la situación más crítica. Carecen de rampas y espacios para sillas de ruedas, y las gradas y movimientos bruscos dificultan el ascenso, poniendo en riesgo a personas mayores, embarazadas o con movilidad reducida. Una mujer mayor relató mientras esperaba un micro: “Las gradas son muy altas. Cuando frena, una casi salta. Nadie te ayuda.” Situaciones como esta se repiten y demuestran que muchos pasajeros dependen de otros para moverse, mientras la ciudad aún no garantiza condiciones mínimas de seguridad. No se trata de falta de voluntad individual, sino de la ausencia de políticas efectivas y de la aplicación limitada de la ley, que permitan un transporte seguro e inclusivo para todos (Ley N.º 28735; CONADIS y MTC, 2023; ATU, 2024).



Una mirada
hacia el extranjero

Mientras Lima intenta consolidar su sistema de transporte con criterios de inclusión, otros países de la región han avanzado con políticas más consistentes.
En Brasil, por ejemplo, la inclusión no se centra solo en la discapacidad, sino también en la equidad social. El programa Tarifa Zero ha permitido que, en varias ciudades, el transporte público sea gratuito, ampliando las oportunidades de movilidad para sectores vulnerables. Según el Banco Mundial (2025), estas políticas han contribuido a reducir desigualdades laborales y educativas al conectar zonas periféricas con los centros urbanos. Sin embargo, el reto sigue siendo la uniformidad: la accesibilidad física varía entre regiones, y los sistemas locales no siempre cumplen los estándares federales.
Más al oeste, Colombia ha apostado por la integración y la conectividad. La ciudad de Medellín, reconocida por la Unión Internacional de Transporte Público (UITP), logró vincular barrios altos y periféricos mediante un sistema que combina teleféricos, metro, buses y tranvías. Esta red no solo facilita el desplazamiento, sino que refuerza la idea de que la movilidad también es inclusión social. Aun así, otras urbes colombianas enfrentan rezagos similares a los de Lima: infraestructura incompleta, señalización limitada y dificultades de fiscalización. El progreso existe, pero no siempre avanza al mismo ritmo en todo el país.
Chile representa otro ejemplo destacable. En Santiago, el sistema de transporte ha incorporado criterios de accesibilidad universal de manera sostenida. El Metro de Santiago cuenta con ascensores, señalización táctil, audio-guías y buses eléctricos adaptados. De acuerdo con la UITP (2024), este modelo combina modernidad con equidad, siendo uno de los más valorados en Sudamérica. Sin embargo, el desafío es común: garantizar que las buenas prácticas de la capital se extiendan a todo el territorio, evitando que la inclusión se concentre solo en zonas céntricas.
Si ampliamos la mirada, países como España y Suecia muestran hasta dónde puede llegar una política de inclusión cuando se sostiene en el tiempo. En Madrid, la accesibilidad está integrada en todo el sistema: rampas, ascensores, señalización en braille, sistemas de voz y pantallas subtituladas en estaciones y autobuses. Todo esto está respaldado por la Ley General de Derechos de las Personas con Discapacidad (2013) y monitoreado mediante auditorías públicas periódicas. En este modelo, las normas no se quedan en el papel: se cumplen, se supervisan y se mejoran cada año.
En Suecia, el concepto de “Diseño para todos” es el corazón de su política de movilidad. Cada elemento, desde los vehículos hasta las aplicaciones digitales, está pensado para ser utilizado por cualquier persona sin requerir asistencia especial. Este enfoque, promovido por la Swedish Transport Administration (Trafikverket, 2023), ha permitido que la accesibilidad sea más un estándar cultural que una obligación legal. No obstante, incluso allí surgen nuevos retos: el envejecimiento poblacional exige adaptar la cobertura universal también a las zonas rurales, donde el transporte público es menos frecuente.
Estos ejemplos, distintos entre sí, coinciden en una idea común: la inclusión no depende solo de la infraestructura, sino del compromiso sostenido por hacer de la movilidad un derecho compartido. En algunos lugares se logra con tecnología, en otros con leyes o subsidios, pero en todos la clave ha sido entender que moverse es mucho más que trasladarse: es poder participar plenamente de la ciudad.
Avances que aún excluyen
La inclusión no es solo rampas o ascensores. Significa igualdad de condiciones y derecho a moverse con independencia y seguridad. Las cifras muestran avances, pero también lo invisible: la incomodidad de depender de otros, el miedo de perder el equilibrio en un micro que no frena del todo y la frustración de sentirse olvidados entre la multitud. Reconocer esta realidad no es exagerar, es aceptar que, aunque Lima se mueve, todavía no se mueve con todos. Cada trayecto debería ser una oportunidad para avanzar juntos, sin barreras ni exclusiones.
Extorsión y paro de transportes:
el pasaje más caro es la vida

Hoy en día, si te sientas cerca del chofer del autobús, puede que ese sea tu último viaje. Las cifras oficiales lo confirman: las denuncias por extorsión a nivel nacional crecieron de 4,500 en 2021 a más de 22,000 en 2023, concentrándose principalmente en Lima y las regiones costeras. Solo en los primeros meses de 2025, al menos 27 choferes fueron asesinados por mafias que imponen pagos ilegales, una ola de violencia que llevó a paros y protestas de transportistas. En abril de 2025, gremios paralizaron rutas clave exigiendo seguridad frente a lo que describen como una “pesadilla constante”.
Un sistema diseñado para el caos
Los expertos coinciden en que este fenómeno no surgió de la noche a la mañana, sino que es consecuencia del caos estructural del sistema de transporte urbano. El modelo actual, fragmentado y desordenado, facilita que las mafias tomen control de rutas enteras. Investigaciones periodísticas revelaron que las redes criminales dominan al menos 303 kilómetros de vías en la capital, concentrados en zonas de alto flujo comercial.
La firma de las mafias
Los ataques de estas organizaciones criminales muestran la magnitud del problema. El grupo conocido como “Los Injertos” exigía S/4,000 semanales a ciertas líneas de transporte. Ante la negativa, atacaron buses de la empresa Etuchisa “El chino” y asesinaron a un conductor en abril de 2025. En Comas, la violencia alcanzó a Rutnam Berríos Pajuelo, cobrador de la empresa El Mandarino, asesinado en medio de una guerra de cupos entre bandas rivales.
Estruendo en la ruta, silencio en el Estado
La estadística de muertes es alarmante. En julio de 2025 ya se contabilizaban 33 choferes asesinados desde agosto de 2024. Los gremios advierten que la violencia no da tregua: muchos conductores trabajan con el temor constante de no volver a casa, mientras la oferta formal de buses se reduce drásticamente en rutas críticas.
El peaje criminal
En este contexto, Martín Valeriano, presidente de la Asociación Nacional de Integración de Transportistas (Anitra), denuncia que las mafias han convertido al transporte en un negocio amenazado. Según afirma, las bandas criminales exigen pagos diarios de hasta 10 soles por vehículo, mientras que cada empresa debe desembolsar entre 50,000 a 80,000 soles para operar sin ser blanco de represalias.
Las consecuencias de esta situación, advierten los transportistas, no son ajenas a la política: la irresponsabilidad de algunos congresistas y la gestión errática del Ministerio del Interior (en ese entonces bajo la dirección de Juan José Santiváñez) han dejado a trabajadores atrapados en una “ley de la selva” que se cobra vidas a diario.
Un país detenido
Por dos días consecutivos, el 10 y 11 de octubre, un amplio sector de transportistas de Lima, Callao y diversas regiones del país detuvo sus actividades. La protesta buscaba presionar al Congreso para que derogue la Ley 32108; una norma que, según denuncian, debilita la investigación del crimen organizado.

Cuando el pueblo se une contra el miedo
Expertos destacan que se trata de la primera vez que grupos tan heterogéneos de la ciudadanía (transportistas, comerciantes, bodegueros y estudiantes) se movilizan de manera conjunta por la misma causa: la inseguridad. Sin embargo, el viernes 11 de octubre, la mayoría del Congreso rechazó la demanda y mantuvo en vigencia la cuestionada norma.
Transporte formal en la calzada del colapso
Las consecuencias de la violencia ya se sienten en el transporte formal. Luis Baca, presidente de la Corporación y Transporte Urbano de Lima y Callao, advirtió que la inseguridad está provocando el retiro masivo de conductores y que muchas empresas se encuentran en riesgo de perder sus rutas por no cumplir con el número mínimo de unidades exigido por la ATU.
“Si a mí me matan,
¿Quién va a poder mantener a mis hijos?”
El testimonio de los propios choferes refleja el miedo cotidiano. En declaraciones a RPP, un conductor de la empresa El Chino relató: “Yo vivo de esto, soy un conductor profesional con licencia A3A. Hace cuatro días que no estoy trabajando por miedo, por temor a que me pase algo. Antes de salir mi familia me dice ‘Dios, te bendiga, te proteja’, me hacen una cruz en la frente, me dan un beso y me piden que me cuide, por favor”. Padre de cuatro hijos, el menor de apenas dos años, lanza la pregunta que resume la desesperación de muchos: “Si a mí me matan, ¿quién va a poder mantener a mis hijos?”.

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