top of page

Cuento y Poesía


La luz que nació del miedo
A veces, la vida cambia en un instante. Basta una palabra, una mirada o una noticia para que todo lo que conocíamos parezca distinto. Hay momentos que llegan sin avisar y que, aunque pasen los años, permanecen en nuestra memoria como si hubieran ocurrido ayer.


Mamá, no me dejes morir
¡Bang! ¡Bang! ¡Bang! Retumbó fuera de la casa. Bruno había disparado contra Samuel. Raquel salió y soltó un grito desgarrador, su garganta se rasgó de tal forma hasta sentir que todo le quemaba por dentro. Vio que su amado Samuel se desangraba en el piso. Bruno había escapado.


Te amo, Caile
Siento que los dos nos necesitábamos de una u otra manera. Caile, un nombre fuera de lo común y casi único. Ese es el nombre de un ser maravilloso que llegó a mi vida un 21 de febrero del año 2017.


Chonquecahua
William Laurent, al escuchar el apellido de Aurelio, soltó una carcajada como si acabara de oír el mejor chiste del mundo. No era una risa normal; era de esas que se escapan sin control, como si el cuerpo reaccionara antes que la cabeza.


La otra Ana
Nadie dice “me estoy ilusionando”. Lo que se dice es: “me cae bien, hablamos mucho pero no es nada”.


El retorno en Navidad
En mi casa, hablar era opcional, pero dejar notas en el refrigerador era casi una tradición. En diciembre se ponía aún peor: el “refri” amanecía con “post-it” rojos y verdes llenos de mensajes. “Ana, si vas a llegar tarde avisa, aunque sea finge que vives aquí”, “Llegó el recibo de luz y este no se va a pagar solo”, “Si van a hablar mal de mí procuren que yo no esté en casa”.


Tía, tía, tía
Era de noche en casa de la tía Liliana. Como de costumbre, su sobrina Lucero, de seis años, se quedó a dormir con ella porque su madre —la hermana menor de Liliana, Amanda— aún no terminaba el doble turno impuesto por su abusivo jefe del restaurante.


La última caminata
Miguel se despertó solo en su departamento aquella mañana fría. El lugar estaba impecablemente ordenado y limpio. Se preparaba para su rutina diaria sin prestarle demasiada atención a lo que todo el mundo vivía: el último día de sus vidas.


Carta a Aquilina Palomino
Hace mucho que no hablamos. Es difícil hacerlo cuando no puedo leerte ni escucharte, pero aun así te las ingenias para enviarme mensajes. Los entiendo más rápido que antes. Ya no soy el mismo que conociste, pero a la vez sí. Sé que guías mis pasos y estás en cada nuevo logro que consigo.


La muerte del Parca
Frente al pelotón de ejecución, el Parca sonríe. A través de la multitud, distingue a la mujer que alguna vez lo embrujó: Esmeralda.
bottom of page

.png)





