El churrero de 74 años cuyas calles han visto crecer
- DíaTreinta

- 27 ago 2025
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César se levanta cada mañana a las cuatro y media. Tiene 74 años y lleva toda una vida laburando en la calle.“Yo llevo trabajando desde que tenía 13 años”, relata. Hace una década que vende churros, pero su historia laboral es mucho más larga y diversa. “Con churros tengo 10 años, pero he trabajado en otras cosas, en otros negocios”, recuerda.

César descubrió hace poco que sufre de TDAH. “Yo no sabía qué significaba”, confiesa. Fue una amiga quien le explicó, tras buscar en su celular, qué determina cada letra que lleva esa condición tan poco conocida tiempos atrás. “Es falta de conocimiento”, dice, aunque el TDAH no se trata exactamente de eso, sino de dificultad para concentrarse y mantener la atención y aunque directamente él no ha sido diagnosticado por un especialista, para César, esto le permitió entender por qué le costaba aprender en la escuela y por qué siempre tuvo que buscar su propio camino. “De repente yo nací con ese problema, y después me enteré por otras personas que también tenían esa enfermedad”, cuenta.
No tiene un horario fijo. Sale a la calle y regresa cuando termina de vender los churros. “Puedo acabar a la 1, a las 3, a las 6, depende del negocio”, explica. Si le quedan churros, se acerca a los colegios y los remata a menor precio, pensando en la baja economía de los estudiantes. “A veces los niños van con propinas y no les alcanza”, dice. Viene desde Villa El Salvador en tren, y su día transcurre entre la movilidad y la venta, siempre pendiente de los fiscalizadores.

Comparte un hogar con su esposa, una mujer de 73 años que trabaja un día sí y un día no, cuando la llaman. “Soy yo y mi esposa nomás. Ya mis hijos tienen familia, ya ellos viven aparte”. Lo que gana con los churros les alcanza para vivir, aunque la situación se ha vuelto más difícil con el tiempo. “La delincuencia ha aumentado bastante y sobre todo han llegado muchos venezolanos y hay demasiados ambulantes, ¿no? Y cada vez la situación se hace más difícil para ganar dinero”, comenta.
César ha tenido problemas con los fiscalizadores. “Siempre hay, siempre lo hay”, recalca. Ha perdido mercadería y ha tenido que moverse de lugar para evitar multas. Sin embargo, él sigue, porque al igual que todos de algo debe de comer y con algo debe de ayudar a su familia.

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