Te amo, Caile

Ilustración de Nayeli Ayala
Un relato de Nayeli Ayala
Siento que los dos nos necesitábamos de una u otra manera. Caile, un nombre fuera de lo común y casi único. Ese es el nombre de un ser maravilloso que llegó a mi vida un 21 de febrero del año 2017. Recuerdo todavía sus ojos color celeste, su pelo marrón y lo indefenso que se veía.
Siento que la llegada de Caile no fue una casualidad. Siempre he pensado que él y yo estábamos destinados a encontrarnos, aunque en ese momento yo no lo sabía.
Ese día fue la primera vez que mi mamá me dejó tener a alguien que me acompañe, a ella nunca le habían gustado mucho la idea, pero sí a mi hermana Nicolle y a mí. Por eso, cuando finalmente me dio el permiso, me emocioné muchísimo.
Después de insistir mucho, mi mamá finalmente aceptó que tuviera a alguien a mi lado. Después de buscar durante meses, no encontraba a nadie. Me puse triste y pensé que simplemente no había tenido suerte. Sin embargo, ahora lo veo de una manera diferente. Creo que ese día no encontré a nadie porque el que realmente tenía que llegar a mi vida todavía no había aparecido.
Pasó aproximadamente una hora y una amiga me escribió: “Hola, Naye, sé que estuviste buscando a alguien especial para tu vida”, y me envió una foto de él. Era una publicación de Facebook. Lo vi por primera vez en esa foto: sus ojos color mar, su carita y lo bello que era. Cuando lo vi tuve sentimientos encontrados como un amor a primera vista.
No pensaba en todo lo que se venía, siento que se me había metido tanto la idea que estaba encaprichada. Entonces fui por él. Recuerdo que llevé una manta para poder envolverlo y llevarlo conmigo. Cuando finalmente lo tuve en mis brazos, sentí algo que hasta ahora me cuesta explicar. Fue un conjunto de sentimientos que no creo poder describir completamente con palabras. Era un amor diferente, pero al mismo tiempo muy fuerte, como dicen, casi como un amor de madre.
Lo llevé a casa sin saber que ese pequeño cachorro iba a acompañarme durante tantas etapas de mi vida. Cuando mamá llegó a la casa, yo ya estaba con Caile en la sala. Ella entró, lo vio, lo acarició y después me miró. No hizo falta decir mucho. Sentí que, de alguna manera, ella lo estaba aceptando como un miembro más de nuestra familia. Y así fue.
Desde ese momento, Caile se quedó conmigo y con mi familia. Hemos pasado por muchas cosas juntos, desde la primera vez que enfermó hasta nuestros paseos y también momentos en los que yo no la estaba pasando del todo bien. Él siempre ha estado ahí, sin decir una palabra.
Ellos no pueden preguntarnos qué nos pasa ni decirnos que todo va a estar bien, pero muchas veces simplemente se quedan a nuestro lado. También pienso que hay muchos perritos que, como Caile, alguna vez necesitaron que alguien les diera una oportunidad. Hay animales que son abandonados sin entender qué hicieron para merecerlo, y que solo esperan encontrar un lugar donde sentirse queridos y seguros.
Ahora sé que algunas historias empiezan cuando creemos que nada salió como esperábamos. Y siempre soy fiel creyente a “Todo pasa por algo” y hoy entiendo que algunas historias llegan cuando menos las esperamos y nos cambian para siempre.
Yo salí de mi casa buscando un perrito y regresé sin encontrar a ninguno. En ese momento pensé que había sido un día perdido, pero quizá simplemente estaba buscando en el lugar equivocado. Caile ya estaba ahí, esperando que de alguna manera nuestros caminos se cruzaran.
Yo quería encontrar un perrito al que pudiera cuidar y querer, y él necesitaba un hogar. Sin saberlo, terminamos encontrándonos justo cuando teníamos que hacerlo.
Yo tenía 15 años cuando llegó a mi vida y, desde entonces, he cambiado muchísimo. He crecido, he vivido nuevas experiencias y he pasado por diferentes etapas, pero hay algo que se ha mantenido: Caile ha estado conmigo.
Por eso, cuando pienso en él, no pienso solamente en mi mascota. Pienso en ese pequeño cachorro que encontré de una manera inesperada y que terminó convirtiéndose en parte de mi familia y de mi vida
A veces creemos que somos nosotros quienes elegimos a nuestras mascotas, pero con Caile siento que fue al revés. Yo salí a buscar un perrito, regresé a casa sin ninguno y, cuando menos lo esperaba, apareció él.
Quizá esa fue la forma que tuvo la vida de decirme que no tenía que buscar más, porque ese día yo no encontré a Caile. Caile me encontró a mí. Te amo, porque eres mi perrito, mi mascota querida.

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