Madre e hija: 61 aƱos de lucha y cuidado
- Aarón Damacén
- 10 may 2025
- 4 Min. de lectura
DoƱa Tomasa es una mujer que supo afrontar las dificultades de la vida. Hoy, a sus 86 aƱos, nos cuenta la experiencia de ser una madre con un amor inquebrantable hacia āMartaā, su hija que padece de epilepsia desde los 4 aƱos.

Escribe Aarón Damacén
Los llantos de Marta comenzaron a invadir toda la casa, mientras que Tomasa fue alertada sin saber lo que ocurrĆa. Dejó en la cama a su bebe, a quien estaba cambiando los paƱales, para buscar a su primogĆ©nita y ponerla en buen recaudo. Esa maƱana despuĆ©s de un largo viaje de Lima a Chiclayo por fin la familia de Tomasa pudo conocer a NĆ©lida, su segunda hija. La casa era grande y tenĆa el detalle de contar con caballos hermosos, pero pasó de moda al escuchar la risa que soltaban los nuevos visitantes.
Tomasa nos comentó que su hija siempre ha sido muy curiosa. Y al escuchar el sonido de los caballos, ella no se detuvo y fue hacia ellos como el cÔntico atrayente de una sirena. Cuando Marta contempló a los equinos, estos notaron su presencia y comenzaron a relinchar mientras se paraban en sus patas traseras. Ella, con el cuerpo lleno de miedo, perdió el equilibrio y terminó con la cabeza en el suelo.

La casa en Chiclayo donde vivĆa Tomasa.
Aquella noche la familia no durmió, la pequeƱa comenzó a padecer de una fiebre que trajo como consecuencia constantes convulsiones. La familia viendo que sufrĆa la trasladaron a un hospital para un diagnóstico. El mĆ©dico de turno indicó que las convulsiones se debĆan por la fiebre y la solución era colocar unos paƱitos hĆŗmedos en su frente. Todo hacĆa indicar que fue solo un susto hasta que Marta cumplió los 11 aƱos.
Mientras Tomasa miraba con mucha delicadeza como su primogĆ©nita jugaba con sus muƱecas, sintió que algo no estaba bien. Marta en cuestión de segundos perdió el control de su cuerpo haciendo que este caiga contra el suelo y comience a convulsionar. La madre al ver a su hija sufrir, usó sus brazos como camilla y su cuerpo como una ambulancia para trasladarla a un hospital cercano. El miedo en ella se intensificó a cada minuto, no creĆa que ese episodio de trauma de hace 7 aƱos se repetirĆa.
Tomasa me comentó que esa hora de espera se volvió eterna. El mĆ©dico la atendió para darle una penosa noticia. Debido a la fiebre que tuvo Marta a los 4 aƱos, esto le dejó como secuela un mal funcionamiento de sus neuronas, lo que hizo que ahora padezca de epilepsia. Me dijo que fue un momento muy complicado de asimilar. Las palabras de aquel mĆ©dico eran como balas que perforaban su corazón.Ā

Tomasa y su hija Marta que padece de epilepsia.
La epilepsia es una enfermedad neurológica que puede darse a cualquier edad. Las causas mĆ”s comunes son por genĆ©tica, infecciones y lesiones cerebrales. Este Ćŗltimo puede incluir traumatismo craneal y accidentes cerebrovasculares. SegĆŗn PediatrĆa Integral se estima que 10.5 millones de niƱos sufren de epilepsia en el mundo, lo que simboliza al 25% de la población con esta enfermedad. Y para tristeza de Martita, ahora ella es parte de esa estadĆstica.
Desde ese episodio la pequeƱa supo que su rutina iba a ser diferente. Cambió los dulces por pastillas de Carbamazepina y Tegretol. Ya no podĆa salir a jugar en su quinta sin ser vigilada. En el colegio contaba con auxiliares de uso exclusivo. Al ingresar al baƱo siempre debĆa conversar con su cuidador. Toda privacidad se fue alejando de su vida a pasos agigantados.

La quinta donde vive la seƱora Tomasa con Marta en Lima.
El tiempo pasó y Tomasa dio a luz a su tercer y Ćŗltimo hijo llamado NicolĆ”s. Ella sabĆa que esta nueva responsabilidad, sumado al cuidado de NĆ©lida y Marta, quienes tenĆan 15 y 19 aƱos respectivamente, serĆa complicado de afrontar. Su esposo Mario trataba de ayudar en casa por las maƱanas y en las tardes se iba a trabajar en un chifa. Ćl era un hombre muy querido en el vecindario, pero tenĆa un inconveniente. Producto de los problemas familiares que recordaba de su infancia y la enfermedad de Marta hicieron que se refugie en esa bebida de malta y cebada.Ā
Tomasa, al saber la situación en la que se encontraba, se aferró a su Dios. Comenzó a ir a la iglesia católica todos los dĆas a orar de rodillas pidiendo por la liberación y salud de su esposo como el de Marta. Mientras tanto, su hija NĆ©lida se quedaba al cuidado del bebĆ© NicolĆ”s. La fe de Tomasa junto al apoyo de su familia hizo que tome la fuerza suficiente para seguir adelante.

Cuando la pequeƱa creció, los mĆ©dicos le dijeron a la madre que compre las pastillas de 500 miligramos para controlar su enfermedad. Pasaron los dĆas y la primogĆ©nita estaba desanimada, con ganas de dormir. Tomasa pensó que era por la adolescencia, pero al notar la constancia de este, la llevó al hospital. AllĆ se enteraron que esos son los efectos secundarios de ingerir 3 pastillas por dĆa.
Marta muchas veces querĆa dejar sus pastillas, pero la fuerza de su madre le enseñó a seguir luchando para vivir. La pequeƱa ahora ya estĆ” grande y nunca se separó de Tomasa. Son 61 aƱos que viven juntas en aquella quinta de BreƱa que estĆ” ubicada en la cuadra 10 de la avenida Venezuela. Aunque la fuerza se desgaste con el pasar de los aƱos y en el rostro de Tomasa se vea cubierto por los hilos de la vida. Ella seguirĆ” luchando por su hija, como una madre inacabable que dĆa a dĆa tiene su razón para vivir.

Tomasa celebra su cumpleaƱos con Marta, su hija inseparable.

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